RadiografIA

A contraluz se nota todo.

Estadística · RadiografIA 0.1.0

Diversidad del vocabulario (MATTR)

est-diversidad-mattr

Cuántas palabras distintas usas en cada trozo de 50, frente a textos de personas del mismo tipo y longitud. Solo avisa.

Solo aviso: no suma.

Qué hacer

Es contexto: si queda baja, mira si repites las mismas palabras por costumbre; si queda alta, no hay nada que corregir.

Explicación

Diversidad del vocabulario con ventana móvil (MATTR de 50 palabras): la media de la proporción de palabras distintas en cada tramo de 50 palabras seguidas. Sale de la banda si queda por debajo del percentil 5 o por encima del percentil 95. Se compara con los textos humanos de tu género y longitud: los percentiles de la calibración (AnCora, BOE, Gutenberg, CSIC y MuchoCine, por tramos de 100-299, 300-599 y 600 o más palabras de prosa); con «general», el género por defecto, la mezcla de los cinco. Es contexto: se enseña con su percentil y no puntúa, porque la dirección no es estable. En inglés, Kendro et al. (2026) miden más diversidad en cuatro versiones de ChatGPT que en 240 ensayos humanos (MATTR, η²p = 0,571), y otros estudios, menos (Reviriego et al. 2024, con GPT-3.5): depende del modelo, de con qué humanos se compare y de la métrica. MATTR es de las pocas medidas estables con la longitud (Zenker y Kyle 2021: «MATTR performs particularly well»). No demuestra quién escribió el texto: por construcción, 1 de cada 10 textos humanos de tu género y longitud queda fuera de esa banda.

Excepciones

Datos de la regla

Paquete:
RadiografIA 0.1.0. Reglas que señalan en un texto en español los rasgos de estilo que la investigación asocia a los textos generados con modelos de lenguaje. Cada regla dice de dónde sale y con qué nivel de evidencia. Analiza estilo; no demuestra autoría.
Detector:
estadístico
Peso:
0
Severidad:
baja
Nivel de evidencia:
medido en inglés
Origen de la lista:
sin dato

Cómo busca

Métrica:
mattr-50
Dispara:
por encima o por debajo de la banda humana
Banda humana:
entre los percentiles 5 y 95 de los textos humanos de su género y longitud

Fuentes

Ejemplos en los que dispara

Esta regla mide el texto entero: en sus ejemplos no hay un tramo que marcar.

Esta es la casa de la abuela. Este es el gato que vive en la casa de la abuela. Este es el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Este es el queso que se come el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Esta es la mesa donde está el queso que se come el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Este es el mantel que cubre la mesa donde está el queso que se come el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Esta es la niña que pone el mantel que cubre la mesa donde está el queso que se come el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Este es el perro que mira a la niña que pone el mantel que cubre la mesa donde está el queso que se come el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Este es el niño que llama al perro que mira a la niña que pone el mantel que cubre la mesa donde está el queso que se come el ratón que corre delante del gato que vive en la casa de la abuela. Y esta es la abuela, que abre la puerta, llama al perro, abraza a la niña, quita el mantel, limpia la mesa, guarda el queso, saca al ratón y despierta al gato que vive en la casa de la abuela. Y así, cada tarde, la niña vuelve a poner el mantel, el ratón vuelve a buscar el queso, el gato vuelve a correr detrás del ratón, el perro vuelve a mirar a la niña y la abuela vuelve a abrir la puerta de la casa de la abuela.

Ejemplos en los que no dispara

Llevo años oyendo que la productividad es cuestión de fuerza de voluntad, y cada vez estoy más convencida de que es sobre todo una cuestión de costumbre: lo que se repite a la misma hora, en el mismo sitio y con las mismas herramientas acaba saliendo casi sin pensarlo. Mi método es poco original. Antes de sentarme ordeno la mesa, silencio el teléfono y cierro las pestañas del navegador que no voy a usar, porque sé que si las dejo abiertas acabaré mirándolas. Después elijo una sola tarea y le pongo un tiempo, normalmente veinticinco minutos, que es lo que propone la técnica del tomate de cocina y lo que a mí me funciona. Cuando suena el reloj descanso cinco minutos, y cada cuatro vueltas me levanto, salgo al balcón o preparo un café con calma. No hace falta ninguna aplicación de pago. El primer año usé el temporizador del horno, que hace un ruido espantoso, y ahora uso el del móvil en modo avión, que al menos no despierta a los vecinos. Hay días en que nada sale, y he aprendido a no tomármelo como un fracaso personal. Si a media mañana veo que no llego, rebajo la meta, termino lo que puedo y apunto en una libreta qué me ha frenado, porque casi siempre es lo mismo: una reunión que se alargó, un correo que parecía urgente y no lo era, o simplemente que dormí mal. La víspera dejo escritas tres prioridades, nunca más, y empiezo por la que menos me apetece, que suele ser también la que más pesa. Quitármela de encima a primera hora cambia el humor del resto del día. Los viernes repaso la semana. Cuento los bloques que terminé, miro a qué horas rendí mejor y reparto la semana siguiente según eso: lo difícil por la mañana, el correo y las llamadas por la tarde. No es ninguna ciencia, pero después de unos meses noté que acababa antes y que me quedaba tiempo para leer, que era lo que de verdad quería recuperar.

Probar en el analizadorVolver al catálogo